Criticar es cool, pero hay que saber criticar

Perhaps I. Kant. Perhaps I can. De Let Ideas Compete, vía Flickr

Si eres de las personas que no pueden escuchar un comentario o leer una opinión sin inmediatamente ponerte a buscar los pros y contras, analizarla desde diferentes puntos de vista y comentar sobre sus puntos débiles sin dejar pasar por alto sus puntos fuertes; y si, además, minutos después escuchas o lees una opinión completamente contraria y te pones a hacer lo mismo, entonces ¡felicidades! Eres de las pocas personas que conocen el verdadero placer de la crítica y que se preocupan por ejercitar su raciocinio y capacidad analítica en vez de aceptar cualquier opinión o, peor aún, aceptar las opiniones de cierta persona o grupos y rechazar automáticamente todas las demás.

Como digo, hay que saber criticar. La crítica va más allá de la simple opinión. “Me gusta” o “No me gusta” no es una crítica, es nada más la expresión de algo que estás sintiendo y, aunque puede ser válido para muchas cosas, no forma una crítica.

La crítica implica análisis y raciocionio. Muchas veces hablamos de crítica constructiva oponiéndola a lo que pudiera ser una crítica destructiva. En realidad una crítica bien hecha y razonada no puede ser ni lo uno ni lo otro, lo destructivo o constructivo dependerá de la reacción de quien recibe la crítica y de su propia capacidad de analizar y razonar, de hacer la crítica de la crítica. La sociedad entre un buen crítico y un buen criticado puede resultar en una de las combinaciones más creativas y productivas posibles.

Por supuesto no todas las críticas son buenas. Pueden estar basadas en presunciones falsas, sostenerse de alguna falacia lógica en el argumento o el crítico puede carecer de la capacidad de abstracción o información necesaria para basar la crítica.

Lo bueno es que, como todo buen músculo, estas capacidades se mejoran mientras más se practican ¿Qué esperas? ¡Ponte a criticar!