De activistas, tragedias y molinos

24-04-2009

En estos momentos en México cunde una alarma sanitaria por la expansión de la influenza, o fiebre porcina, que ha cobrado ya varias víctimas y en una ciudad hacinada e insalubre como la de México es muy posible que cobre más. Es un terreno virgen, propicio para que una mutación infecciosa contra la que no hay defensas corra como reguero de pólvora. Esta clase de riesgo se conoce desde hace años, ninguna sorpresa, a la gente le da igual porque pasa muy de vez en cuando.

Esa no es tanto la cuestión interesante. Un poco más interesante es que a menos de 24 horas de declarada la emergencia ya hay gente que quiere jalar agua a su molino, sea este molino uno de poder, influencia, dinero o ideología. Es natural, obvio, quien esté en una posición para aumentar su estatus social o económico tenderá a tomarla.

Obviamente el partido en el poder va a tratar de agenciarse los éxitos de las políticas de emergencia al tiempo que le va a echar la culpa a la oposición de sus fallas, mientras que la iniciativa privada va a tratar también de sacar provecho ya sea vendiendo cubrebocas, cremas antibacteriales, o simples placebos. De hecho ya hay una cumbia de la influenza (que es una manera de sacarle provecho a la situación) y seguro que la venta de cubrebocas no tarda mucho (fabricarlos lleva tiempo).

Sin embargo esto, aunque algo interesante por los movimientos de poder y el toma-daca que resultan tan fascinantes como tratar de adivinar en que número va a caer la bolita de una ruleta, tampoco resulta sorprendente. Es natural.

Lo que me resulta sorprendente es que exista todo un mercado que se dedica a descubrir el hilo negro de esta parte de la naturaleza humana, denostarla como invención del capitalismo y después de eso vender el producto usando exactamente las mismas tácticas que condenan. ¡Y hay muchísima gente que se las crée!

Por ejemplo, ya han surgido quienes dicen que la emergencia va a ser aprovechada por los capitalistas y grupos de poder para establecer políticas post-emergencia que les beneficien, tal como lo describe Naomi Klein en su libro “La doctrina del shock” en el cual sostiene que los grupos en el poder aprovechan emergencias reales o percibidas para mover lo hilos a su favor. ¡Ah! ¡No manches! ¿A poco hacen eso?

Este tipo de revelaciones sólo resultan novedad para aquellos que jamás han estudiado la historia (y me refiero a estudiar de verdad, no nada más haber tomado cursos) y no están familiarizados con la naturaleza humana. Solamente este tipo de personas podría creer que tal comportamiento surgió con el capitalismo, como Klein parece querer dar a entender.

Noooombre, esto existe desde que el humano es humano e incluso desde antes. El ser humano es un simio gregario y esto hace que su existencia sea una lucha constante por la búsqueda de estatus, ya sea obtenerlo o conservarlo. El estatus significa el apoyo del grupo, tener comida y dejar descendencia. No tener ningún estatus dentro del grupo equivale a vivir una vida corta, brutal y sin oportunidad de pasar los genes propios.

Una de las mayores oportunidades para obtener estatus gira en torno a las épocas de crisis cuando los miembros del grupo buscan seguridad y estabilidad para lo cual tienden a acercarse y apoyar a quienes tienen el poder y son vistos como quienes pueden hacer algo.

Obviamente los simios en el poder van a aprovechar la situación para obtener mayor seguridad para sí mismos, es decir, luchan por conservar su estatus dentro del grupo a largo plazo, más allá de la época de crisis. Sin embargo, los otros simios que también tienen ambiciones ven esto como una gran oportunidad, sobre todo si la crisis se prolonga o sea de una severidad tal que ponga en riesgo la credibilidad del liderazgo o de plano la elimine. Es ahí cuando los otros simios retarán al simio líder para hacerse con el mismo poder.

Este tipo de movimientos los vemos una y otra vez a lo largo de la historia. Lo entiende cualquier estudiante serio de psicología, historia, antropología o hasta de mercadotecnia. Es la misma clase de oportunismo.

Lo que ha hecho Naomi Klein es empaquetarlo para que resulte atractivo a los revolucionarios wannabe y venderlo bajo su marca y logo (sí, porque la escritora de No Logo se ha convertido en un logo, precisamente porque los logos no son inventos del capitalismo o del mercantilismo, sino parte de la necesidad humana de buscar una identidad grupal) y sus seguidores ahora proceden a aprovechar situaciones de crisis reales o percibidas para socavar las ideas establecidas y colocar su producto en la mente de los consumidores.  Es decir, exactamente lo mismo que critican.

Como dije, esto no me sorprende ni lo considero necesariamente malo. Hipócrita, sí, pero no antinatural o malo por eso. Es más, hasta cosas buenas pueden salir de estas luchas por el poder, después de todo el avance de la sociedad no es un juego de sumatoria cero (otra cosa que los seguidores de Klein generalmente entienden mal).

Lo que me sorprende es la cantidad de gente que se deja llevar por los argumentos simplistas, visión fragmentada de la historia y la pseudociencia que ponen para apoyar sus propuestas. Y me sorprende no porque ése sea un comportamiento raro en los grandes simios, sino por lo sencillo que es darse cuenta de lo equivocada que están estas ideas.

Creo que lo que me molesta es la falta de rigor científico en la exposición de estas ideologías, que me traten de engañar con argumentos tan patentemente falsos. Por lo menos otras ideologías son más honestas al decir “te voy a echar una mano, pero a cambio de que luego tú me ayudes. Al final yo me voy a beneficiar más que tú, pero por lo menos te voy a resolver tu urgencia al corto plazo”. Esto siquiera le da a uno la oportunidad de pensar “Bueno, ayúdame a resolver mi problema, ya luego veo como le hago para joderte”.

En cambio doctrinas como las de Klein tienen el siguiente mensaje: “La gente en el poder son unos malvados, aprovechados y oportunistas. Yo no. Compra mi libro”.

Pero, en fin, tal vez sea mi culpa por no dejar de sorprenderme ante la ingenuidad humana.

¿Soy el único a quien le sorprenden estas cosas? ¿Qué me dicen los seguidores Klein?

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Roberto Baca

Escribo cosas de vez en cuando