Derechos para autores y distribuidores, bien ¿y los consumidores? #ACTA

13-01-2010

Ultimamente se ha escuchada más del ACTA ya que se acerca la fecha en que se dará a conocer a las legislaturas del mundo para su aprobación. Es parte de una serie de tratados comerciales internacionales que se están negociando para que los países compitan más parejo entre sí.

La materia del ACTA es la propiedad intelectual y su protección. O sea todo lo que es música, literatura, cine y otras obras artísticas y culturales; su explotación comercial, protección contra piratería y todas esas cosas.

Todo eso está muy bien y es necesario que se regule. El problema es que la redacción inicial se dejó a Estados Unidos (tienen derecho, cada país tuvo oportunidad de elegir) quienes se han encargado de hacerlo en privado y consultando únicamente a los grandes distribuidores. Una copia del ACTA que se coló a Wikileaks hace parecer que, por lo menos en los borradores iniciales, se incluyen medidas que obligarían a los proveedores de servicio de internet a convertirse en espías para las grandes empresas, denunciando a quienes descarguen contenido protegido.

Bueno, por un lado tienen razón que muchos descargamos contenido sobre el cual no tenermos permiso y esto no es correcto. Pero por el otro se está incurriendo en varias faltas a los derechos de los demás, como privacidad y presunción de inocencia. También se incurre en el peligro de criminalizar actividades que no afectan masivamente a la industria pero que son necesarias para el fomento y desarrollo de la cultura entendida como las actividades humanas que realizamos en común y nos definen como grupo.

Por ejemplo, copiar o mandar a alguien una canción que nos ha gustado, hacer copias privadas, sentarse en la banqueta a escuchar música con amigos, etc. Todas estas podrían convertirse en actividades ilícitas.

Estoy de acuerdo que los autores y distribuidores necesitan tener una retribución para poder continuar creando y distribuyendo; pero no se puede anteponer esto al beneficio común. Sin embargo, también estoy de acuerdo que se necesita un modelo de negocios que sustituya al actual de crear una escasez artificial para lucrar con la propiedad intelectual, pero no se ha encontrado.

En lo que se encuentra, digamos que estas son mis observaciones sobre como debería funcionar un sistema de derechos de propiedad intelectual y esas cosas:

1. Los usuarios a los que se encuentre culpables de descargar contenido protegido tendrán que pagar un monto compensatorio a los dueños de ese contenido (no a las asociaciones) por lo descargado, no lo compartido. Este monto debe tener un límite superior razonable y que vaya acorde con la cantidad descargada y las posibilidades de la persona.

2. Los distribuidores y creadores no podrán limitar la creación de copias privadas ni el uso de extractos para comentar, criticar, reseñar o demostrar (la doctrina del “fair use”)

Estas medidas pueden sonar débiles pero me parecen justas. Lo más importante no es conservar una industria o empresa específica sino alentar la adopción de nuevos modelos de negocios, cosa que no ocurrirá si los estados construyen barreras artificiales para sostener a los actuales.

Tampoco se trata de castigar o demonizar a quienes descargan contenido sobre el cual no tienen permiso, ni tampoco dejar que se abuse de estos mecanismos de distribución, sino que se pague lo justo.

Sin embargo, todavía más importante será que como consumidores apoyemos a aquellos creadores que adopten otros esquemas de licenciamiento, como Creative Commons, y que se deslinden de las distribuidoras tradicionales y sus esquemas cerrados. No basta decir “no estoy de acuerdo”, hay que demostrarlo y la mejor manera de hacerlo es con nuestra cartera.

Roberto Baca

Escribo cosas de vez en cuando