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Respuesta a las nenas quejumbrosas

17-02-2009

Esto lo escribí como respuesta a las nenitas quejicas que sienten como que les meten las manos en los calzoncitos cuando leyeron las nuevas condiciones de uso de Facebook:

Señores, con todo respeto, pero parecen nuevos. Veo que a muchos todavía les cuesta mucho trabajo aceptar la nueva realidad de colaboración y creación de contenido de la red, en la que las fronteras de lo que es mío o tuyo o lo que se puede hacer o no con ese contenido se desvanecen.

Por ejemplo, por el sólo hecho de hacer este comentario el señor Eduardo Arcos puede reclamar que tiene derecho a hacer lo que quiera con él, desde borrarlo hasta retransmitirlo vía feeds, correo electrónico, etc. Es más, él mismo tiene un botón que dice Share en este mismo post, mediante el cual él mismo o algún otro usuario puede poner este mismo post y el comentario en algún sitio de red social como Facebook o retransmitirlo por otro medio. Y eso le daría a esas redes sociales y servicios licencia para retransmitir el post y este comentario que ahora forma parte del mismo.

Es decir, mis palabras ya no son, técnicamente, mías, sino que ahora pertenecen a la comunidad (aunque desde el aspecto de la ley sigan perteneciéndome). El señor Arcos se beneficiará (muy poco) por el contenido que le genero. Facebook se beneficiará (muy poco) por el contenido que le generamos. Yo me beneficiaré (poquísimo) por la difusión que se le dará a mis palabras. ¡Bienvenidos a Internet!

Sí, tal vez esto me conviera en una ranfla a la que no le importa que mi tesorito pase de mano en mano y esté en boca de todos (por cierto, no lo he puesto explícitamente, pero todo lo que encuentren en este sitio que sea creación mía lo pueden usar para cualquier cosa, incluyendo fines comerciales) y no es que me valga madre, es que es la nueva realidad en las comunicaciones y en la propiedad intelectual. En la nueva realidad de la comunicación, lo que yo publico es público aunque no me parezca.

Miren ustedes, el verdadero valor no está en las cosas que se hacen, o en las palabras que se dicen, o en la música que se toca. El verdadero valor está, y siempre ha estado, en saber hacer las cosas, en saber decir las cosas y en saber tocar la música. Si ustedes lo que venden es el “saber” y no la “cosa”, nunca se morirán de hambre ni temerán al robo porque será imposibles robarles.

Roberto Baca

Escribo cosas de vez en cuando