Ya era hora: reducción al impuesto en la educación

20-02-2011

No es ningún secreto que la educación mexicana está para llorar: tanto la pública como la privada. La primera porque está en manos de sindicatos que se preocupan más por defender las plazas y canonjías de los líderes que por modernizar los métodos educativos y llevar a cabo evaluaciones de su desempeño. La segunda porque cualquier alternativa es mejor así que no tienen que esforzarse.

Desde hace tiempo se ha venido pidiendo que el gasto que los padres hacen en educación privada se pueda deducir de los impuestos ya que sus hijos no están haciendo uso del servicio del gobierno. Al fin esta semana se ha anunciado que se puede hacer esta deducción, hasta el límite de lo que el gobierno gasta por escuincle en sus escuelas (por cierto, un gasto bajísimo que también explica por que la educación en México está tan del nabo).

Obviamente inmediatamente surgieron las voces en contra. Claro, la oposición siempre protesta aunque la idea sea buena, simplemente porque salió del lado del gobierno. Y el oficialismo aplaude aunque la idea sea mala, pus por lo mismo.

Sin embargo ahora los opositores están mostrando el cobre gachamente oponiéndose a lo que es a todas luces una buena propuesta.

Algunas de las cosas que aducen es que:

– Beneficia a los ricos y la clase media: ¿De cuándo acá es negativo que una medida beneficie a la clase media? No sé si se habrán dado cuenta, pero la clase media es la columna vertebral de todo país. El objetivo de una economía es reducir el número de pobres pasándolos a la clase media, no hacerlos a todos pobres.

– Reduce lo que el gobierno gastaría en educación lastimando así a los pobres que no tienen opción más que enviar a sus hijos a escuela pública: aunque es cierto que el gasto tendrá que balancearse de algún modo, esto no necesariamente se hará recortando el gasto educativo. Además se presume que ese dinero ahorrado en impuesto no se gastará, cuando en realidad la mayor parte de los mexicanos tiene una capacidad de ahorro de cero, lo que significa que lo que no se gastarán en impuestos por la educación lo usarán para pagar otros bienes y servicios, sobre los que pagarán impuestos.

En definitiva el decreto presidencial es de las pocas cosas buenas que se han hecho últimamente y merece el apoyo del resto del país. Lo ideal sería una reforma hacendaria en toda regla, pero eso nunca va a pasar porque los partidos se la pasan bloqueándose entre sí o poniéndose de acuerdo para ocultarnos información.

Roberto Baca

Escribo cosas de vez en cuando