Por que celebrar la Independencia

Al contrario que muchos otros países la independencia en México ocurrió por casualidad. De un movimiento que pedía el retorno del Rey legítimo de España y algo de autonomía, se pasó a la concertación de plena soberanía once años después, de un modo azaroso, con tropiezos y al final resultado de una negociación más que de una lucha armada.

Durante muchísimos años México siguió luchando para encontrar una forma de gobierno, primero Imperio, luego república federal, luego república centralista, luego federal, luego imperio otra vez, luego república, etc. Por ahora México es más o menos una república más o menos federal, más o menos representativa. Creo que así se va a quedar, a los mexicanos no nos gustan las cosas firmes y definitivas (ya sé, la frase es contradictoria internamente, ni pedo, así somos).

México también pasó mucho tiempo para encontrarse a sí mismo: novohispanos, mexicanos, mestizos, esclavos, indígenas, inmigrantes ¿qué chingaos somos? ¿qué significa ser mexicano cuando cada mexicano es diferente? Te encuentras desde una Xochiquetzalli de ojos verdes hasta un Hoffman de pelos lacios. Sin olvidar que fueron los negros de Veracruz los que formaron el primer pueblo libre de América post-colombina (incluso antes de la fundación de la colonia de Jamestown y mucho antes que el Mayflower, ¡tómenla gringos!)

Hasta el momento México todavía no se encuentra a sí mismo. Es una especie de Cheech y Chong, o un dude de 40 o 50 años que está más o menos contento viviendo día a día sin preocuparse gran cosa. Mientras los políticos nos jodan pero nos dejen más o menos en paz, está bien. Mientras no me roben demasiado está bien. Mientras de vez en cuando me haga justicia la revolución está bien.

Desafortunadamente, como cuando al dude le orinan el tapete, México se está dando cuenta que eso no es suficiente y llega un momento en que hay que afrontar las consecuencias.

La impavidez, irreflexión y, casi siempre, la complicidad silenciosa o mañosa, de los mexicanos, que más que ser la fuente de donde emana el poder parece que sufren de síndrome de Estocolmo, han dejado al pueblo en una situación delicada otra vez entre grupos anarquistas y políticos organizados pero gandallas, entre la corrupción y el crimen cortoplacista y la pretendida estabilidad que le daría al país viabilidad a largo plazo. Entre la gloria o convertirse en simples ruinas curiosas como Tartessos, ¿alguien se acuerda de Tartessos? ¿No? Pues eso, precisamente.

La razón para celebrar lo 200 años del inicio de la lucha que acabó en independencia es esa: no el pasado, sino el futuro. Porque México todavía está a tiempo de reconsiderar su lugar, de ver lo que ha hecho mal, admitir su responsabilidad y tomar las riendas de su destino, en vez de confiar en caciques, ungidos y mesías (llámense partidos políticos, el Peje, Calderón, Obama, etc.) y dejar de echarle la culpa a los políticos (que son mexicanos), la corrupción (de todos los demás menos yo), los gringos y otros extranjeros (pueblos más en manos de los extranjeros como Japón, Corea del Sur y Alemania no puede haber y mírenlos ¡Hasta Vietnam ya nos está rebasando!), o algún otro masiosare.

Difícil realidad dura de admitir, pero hay que aprovechar ahora, estos 200 años, para que por fin salgamos de la pasividad y podamos simplemente actuar como una nación adulta, compuesta de gente que no busca victimizarse.

Y si no siempre estaré dispuesto a ser su emperador. Los usaré para formar mi ejército de mutantes.