Como patear coches

Normalmente no diría yo que es bueno eso de ir pateando coches o, en general, la propiedad de otras personas porque es muy feo que le anden rompiendo a uno las cosas; pero hay una situación muy clara donde vale la pena hacer una excepción: cuando los automovilistas no respetan el paso del peatón.

En todas las esquinas sin semáforo, esté marcado el paso o no, el peatón tiene el derecho de paso siempre. Siempre. Sin importar que ya vaya uno tarde, que haya mucho tráfico o que tenga problemas en su casa el automovilista se tiene que parar y dejar pasar a los peatones. Siempre. En caso de no hacerlo es no nada más derecho de uno como peatón, sino hasta su responsabilidad como ciudadano, soltarle una patada al coche.

carropateado

Foto de Frostey

Tal vez usted maneje y no le parezca. Da igual, si le da más valor a un pedazo de lámina que a la carne y huesos de la gente no importa lo que piense.

Para soltar la patada lo mejor es esperar a que el coche lleve ya más de la mitad y soltarla de manera que pegue en la puerta de atrás o poco antes de la rueda trasera. De este modo se logran dos cosas: hay más probabilidades que deje una marca y al conductor le costará más trabajo reaccionar. Esto hará que frene después y nosotros podremos seguir nuestro camino. Para cuando el conductor logre pararse (y es poco probable que se pare en medio de la calle que está cruzando) nosotros ya estaremos lejos y como estos choferes son bien pendejos lo más seguro es que ni siquiera se hayan fijado en la gente que estaba tratando de cruzar y no podrán identificarnos. Por supuesto esto es poco recomendable para gente que camina con la velocidad de una señora coja con 12 meses de embarazo, pero si usted camina como humano normal no hay problema. Si lo hacemos cuando el conductor está dando la vuelta es preferible esperar a que haya comenzado la aceleración final, así toda su atención estará concentrada en otro lado.

Y si se da cuenta y reclama dígale usted que lo lastimó a propósito con el coche y que lo va a demandar por lesiones y las secuelas de por vida que seguramente le van a quedar.

Si hacemos la patada bien y rápido el conductor se dará cuenta que algo pasó pero no sabrá bien que. Tal vez se dé cuenta después y habrá aprendido una valiosa lección de vida, pero lo más probable es que no porque son bien idiotas.

El patear coches de automovilistas estúpidos puede ser una actividad agradable y muy satisfactoria una vez que se ha aprendido a hacerlo bien.

Democracia, votos nulos y abstenciones

En México no es noticia que los políticos son unos inútiles. Sin importar el partido todo mundo sabe que lo que impera en el sistema es la corrupción, compadrazgos y canonjías.

Tradicionalmente durante las elecciones el abstencionismo sale como ganador indiscutible. A la gente no le interesa salir a votar cuando ninguna de las opciones es buena y de todos modos no va a cambiar nada.

Sin embargo el hartazgo de la población esta vez se está expresando de una manera algo más curiosa. En vez de no votar ahora ha surgido un movimiento para ir a votar y anular el voto. Es decir, rayar completamente la boleta, votar por todos, votar por ninguno o escribir bonitas poesías sobre la autora de los días de los candidatos a los puestos de elección.

Esto, obviamente, no va a servir de nada porque aunque los inconformes hayan expresado su inconformidad, en la práctica no hace ninguna diferencia: seguirá ganando quien tenga más votos contados, aunque sean dos. Y los escaños proporcionales seguirán asignándose conforme a porcentajes de votación.

¿Cuál es la solución entonces? ¿Votar? ¿No votar? Bueno, el problema de verdadero fondo, queridos mexicanos, son ustedes. Sí, usted, señor, señora, señorita, estudiante, ama de casa, ingeniero, mecánico, bloguero, twittero, etc. Lo que pasa es que en México la participación democrática se reduce simplemente a votar el día de las elecciones, si acaso, y se olvida todos los demás días.

A ver ¿cuántos de ustedes sabe el nombre de su diputado federal? Ya ni digamos del estatal. ¿Cuántos de ustedes se ha preocupado por enterarse que leyes se van a discutir durante el periodo de sesiones? ¿Quiénes saben cuando se van a votar las propuestas de ley? ¿Cuántos le han escrito una carta a sus representantes para hacerles saber su opinión sobre cierta ley e instruirle a votar de tal o cual modo? Apuesto que ninguno. Apuesto que la mayoría de ustedes ni siquiera se ha molestado por saber como han votado sus representantes. Y no me digan que no puedes, si están leyendo esto es porque tienen internet y pueden visitar los sitios de la cámara de diputados, de senadores, leer el Diario Oficial y visitar su legislatura local.

Más aún ¿cuántos de ustedes coopera o hace algo por su comunidad? Ya sea como voluntario en alguna organización, asistiendo a las reuniones de su cabildo municipal cuando sea posible, buscando informar u organizar o apoyando alguna camapaña o presentándose para un puesto de elección popular en su comunidad, inscribiéndose a un partido (o más de uno, total, no revisan). Apuesto que muy pocos.

“Oh, aprovecharon tal o cual cosa para pasar la ley de la tolerancia a las drogas” ¡Mentiras! Esa ley llevaba meses discutiéndose pero nunca tuviste curiosidad de enterarte. Aunque se informó por diarios y periódicos cuando se presentó te valió madres. No tienes excusa.

“Oh, construyeron una superhipermegatienda junto a la zona arqueológica y jamás nos preguntaron” ¡Mierda! Los permisos se tramitaron desde años atrás y todo ha estado en el registro público desde entonces. Que jamás te hayas preguntado que estaba pasando y ni se te ocurre darte una vuelta por tu cabildo sólo es atribuible a tu desinterés.

Es cierto, los políticos en México son unos hijos de su chingada que a la mínima oportunidad te la van a dejar ir, sin miramientos y sin lubricante. Pero, y si sabes eso ¿por qué insistes en vivir tu vida dándoles la espalda?

Es decir, queridos mexicanos, se han olvidado de la parte más importante de la democracia que es la participación cívica. Somos ciudadanos todos los días, no nada más cuando hay elecciones. Como tales tenemos obligaciones todos los días. Una de esas obligaciones es estar siempre atentos a lo que están haciendo nuestros representantes, exigirles y hacer valer el principio del poder emanado del pueblo. No necesariamente con marchas o manifestaciones, que son medidas extremas, sino tambén con métodos más institucionales pero no por eso menos efectivos, cambiando cosas poco a poco empezando en nuestra colonia. Ya lo demás vendrá después.

¿Votar o no votar? ¿Anular mi voto o elegir al menos peor? La verdad, hagan lo que se les hinche la gana, pero no sean ciudadanos nada más de ese día.