El caso de la ley Sinde y otras semejantes

De un tiempo para acá se han venido creando varias leyes que pretenden limitar o eliminar el acceso a descarga “ilegales” de contenido que no tiene el permiso de sus diversos autores. En particular el de la “ley Sinde” en España que ha causado bastante revuelo porque fue rechazada por el Parlamento en una primera ocasión pero sus patrocinadores buscan la revancha y seguramente presentarán una versión un poco modificada en alguna sesión futura.

En Alt1040 también podemos leer sobre un borrador de una supuesta propuesta hecha por un ciudadano que pretende que la culpa no recaiga sobre el que descarga, sino el que facilita la descarga. Misma cosa, nada más se cambian un poco lo sujetos. Incluso le piden a la ministra que renuncie.

El problema con estas leyes, aparte de ser abusivas, punitivas, limitar la libertad de expresión y el acceso a la cultura, es que insisten en ver esto como un problema de distribución y proteger una industria que ya no tiene razón de ser.

Las empresas de distribución se formaron porque era difícil y caro hacer un disco, copiarlo miles de veces y mandarlo a cientos de tiendas alrededor del mundo. Así que a cambio de darle esta facilidad al artista se quedaban con la mayor parte de las ganancias de las ventas de los discos y los derechos a perpetuidad de las obras, poder licenciarlas a otros países, etc.

Pero ahora esos problemas ya no existen. Incluso grabar un disco se ha vuelto relativamente barato, distribuirlo todavía más. Así que la principal razón de ser de las empresas distribuidoras ha desaparecido. Ya nadie necesita a una distribuidora más que por inercia.

El problema es que se están aferrando a su existencia obligando al gobierno que pase leyes para protegerlos. Obviamente la consecuencia será que ni se va a detener el colapso de estas empresas y sí se retrasará la llegada de otras soluciones más acorde a la realidad.

Sin embargo, sí se necesita algún mecanismo que permita a los creadores poder comercializar su obra, pero éste no llegará de las manos ni del gobierno o de las distrbuidoras aferradas a un modelo que ya caducó. La solución llegará de parte de los creadores y consumidores mismos. Sigue existiendo el problema de conseguir el dinero para realizar un disco o película antes de poder venderlos, pero ése es un problema de financiamiento, no de distribución.

¿Y quién va a querer financiar la creación de un producto que después cualquiera va a poder obtener gratis? Esa es la cuestión. Por un lado internet nos resuelve el problema de distribuir nuestro producto ya terminado, pero ahora la cuestión se vuelve como ganar dinero con ese producto.

En el caso de la música están los conciertos y las camisetas. Pero no todos los músicos salen de gira y hacer camisetas, aparte que es otro gasto, no quiere decir que se vayan a vender. No todos los fans compran una camiseta. Otras posibles soluciones podrían incluir suscripciones a contenido exclusivo, el modelo del “paga lo que quieras” (al estilo del shareware para el software) como ya lo hizo Radiohead hace un par de años con buenos resultados, y las donaciones como lo hace Pomplamoose también con cierto éxito. Estos esquemas tal vez funcionen mejor en la música que requiere una inversión bastante menor que el hacer películas o programas de televisión.

Esto es mejor que los actuales esquemas de distribución y sociedades de autores cobrándose a lo chino porque el dinero va directamente al bolsillo de los artistas. A final de cuentas un artista podría vivir en honesta medianía mucho más fácilmente que firmando con una disquera.

Claro, lo más seguro es que dejemos de ver gente ganando cantidades obscenas de dinero como Madona, Michael Jackson o U2, que podrán ser muy buenos o lo que sea pero no están descubriendo la cura contra el cáncer ni eliminando el hambre en el mundo (aunque luego hagan obras de caridad, no es lo mismo). Esto en sí no es malo. Hasta puede ser bueno.

A final de cuentas estos modelos triunfarán o no independientemente de las leyes que se aprueben. La industria de la distribución se basa en tener el monopolio sobre algo que ya es imposible de monopolizar. Es cuestión que los creadores se den cuenta de esto para que desaparezcan, y eso solo es cosa de tiempo. Lo que está claro es que convirtiendo a la gente que no paga en criminales y forzando monopolios que ya no tienen razón de ser no vamos a resolver nada, pero sí se obstaculiza el encontrar una solución de verdad.

Derechos para autores y distribuidores, bien ¿y los consumidores? #ACTA

Ultimamente se ha escuchada más del ACTA ya que se acerca la fecha en que se dará a conocer a las legislaturas del mundo para su aprobación. Es parte de una serie de tratados comerciales internacionales que se están negociando para que los países compitan más parejo entre sí.

La materia del ACTA es la propiedad intelectual y su protección. O sea todo lo que es música, literatura, cine y otras obras artísticas y culturales; su explotación comercial, protección contra piratería y todas esas cosas.

Todo eso está muy bien y es necesario que se regule. El problema es que la redacción inicial se dejó a Estados Unidos (tienen derecho, cada país tuvo oportunidad de elegir) quienes se han encargado de hacerlo en privado y consultando únicamente a los grandes distribuidores. Una copia del ACTA que se coló a Wikileaks hace parecer que, por lo menos en los borradores iniciales, se incluyen medidas que obligarían a los proveedores de servicio de internet a convertirse en espías para las grandes empresas, denunciando a quienes descarguen contenido protegido.

Bueno, por un lado tienen razón que muchos descargamos contenido sobre el cual no tenermos permiso y esto no es correcto. Pero por el otro se está incurriendo en varias faltas a los derechos de los demás, como privacidad y presunción de inocencia. También se incurre en el peligro de criminalizar actividades que no afectan masivamente a la industria pero que son necesarias para el fomento y desarrollo de la cultura entendida como las actividades humanas que realizamos en común y nos definen como grupo.

Por ejemplo, copiar o mandar a alguien una canción que nos ha gustado, hacer copias privadas, sentarse en la banqueta a escuchar música con amigos, etc. Todas estas podrían convertirse en actividades ilícitas.

Estoy de acuerdo que los autores y distribuidores necesitan tener una retribución para poder continuar creando y distribuyendo; pero no se puede anteponer esto al beneficio común. Sin embargo, también estoy de acuerdo que se necesita un modelo de negocios que sustituya al actual de crear una escasez artificial para lucrar con la propiedad intelectual, pero no se ha encontrado.

En lo que se encuentra, digamos que estas son mis observaciones sobre como debería funcionar un sistema de derechos de propiedad intelectual y esas cosas:

1. Los usuarios a los que se encuentre culpables de descargar contenido protegido tendrán que pagar un monto compensatorio a los dueños de ese contenido (no a las asociaciones) por lo descargado, no lo compartido. Este monto debe tener un límite superior razonable y que vaya acorde con la cantidad descargada y las posibilidades de la persona.

2. Los distribuidores y creadores no podrán limitar la creación de copias privadas ni el uso de extractos para comentar, criticar, reseñar o demostrar (la doctrina del “fair use”)

Estas medidas pueden sonar débiles pero me parecen justas. Lo más importante no es conservar una industria o empresa específica sino alentar la adopción de nuevos modelos de negocios, cosa que no ocurrirá si los estados construyen barreras artificiales para sostener a los actuales.

Tampoco se trata de castigar o demonizar a quienes descargan contenido sobre el cual no tienen permiso, ni tampoco dejar que se abuse de estos mecanismos de distribución, sino que se pague lo justo.

Sin embargo, todavía más importante será que como consumidores apoyemos a aquellos creadores que adopten otros esquemas de licenciamiento, como Creative Commons, y que se deslinden de las distribuidoras tradicionales y sus esquemas cerrados. No basta decir “no estoy de acuerdo”, hay que demostrarlo y la mejor manera de hacerlo es con nuestra cartera.