Es la hora de despenalizar las drogas ya

Al mismo tiempo que se votaba para presidente de los Estados Unidos en seis estados la gente también votaba propuestas para legalizar el consumo de marihuana (recreativo en algunos, medicinal en otros). En tres de ellos, Colorado, Massachussetts y Washington se aprobó la producción, tráfico y consumo de marihuana para uso recreativo. En otros tres no se aprobó por lo que las cosas seguirán igual.

¿Qué significa esto para México? Que mientras aquí seguimos cargando el costo de tratar de detener la producción y el tráfico de drogas, allá han decidido que es suficiente y no tiene caso tratar de limitar el consumo. O sea, mientras aquí estamos matándonos a lo pendejo, allá simplemente aceptan la realidad: el consumo de estupefacientes no se combate con la prohibición.

Para México el anuncio debería ser claro: tratar de luchar penalmente contra la producción y tráfico de marihuana no tiene caso. Mientras haya demanda va a haber oferta, y el principal demandante no tiene la más mínima intención de detenerse. Tratar de detener la oferta no solo es inútil, sino estúpido.

Claro, ustedes preguntarán “¿y los otros estados que no han legalizado la marihuana?” Bueno, pues ellos pueden asumir el gasto de controlar a su población, no veo razón por la que tengamos que hacerlo nosotros.

“¿Y los problemas de adicción y abuso de drogas?” La drogadicción es un problema de salud pública que debe combatirse mediante políticas de salud pública, no mediante redadas, criminalización y persecución policial que lo único que ha logrado es incrementar la corrupción, fomentar las mafias de narcotráfico y crear mercados negros que se han extendido mucho más allá de su giro original para abarcar la trata de personas, el secuestro y la extorsión. Y esto sin contar los muertos que han quedado regados por todo el país. A los alcohólicos no se les persigue ni estigmatiza (bueno, ya no tanto como antes) sino se les manda a instituciones de salud para que se metan a un programa de rehabilitación. A la industria del alcohol no se le criminaliza, sino que se regula y se controla la publicidad, productos, formas de venta, etc.

Por supuesto la despenalización debe hacerse de manera inteligente, regular estas actividades del mismo modo que se regula el tabaco y el alcohol, establecer controles de calidad y sistemas de recaudación para apoyar las acciones de salud orientadas a combatir la adicción. Tampoco va a ser una bala mágica que acabe con el crimen organizado de un solo tiro, pero sí le quitaría una importante fuente de ingresos, parte de los cuales ahora pasarían al gobierno que podría también usarlos para combatir el crimen. Además le daría opciones a la gente que ahora se ve involucrada de un modo u otro, directa o indirectamente, a legalizarse en vez de estar atrapados para siempre en las redes de las mafias, quitándole recursos humanos.

No creo que pase, actualmente es mucho mejor negocio para algunos que las cosas sigan como están hasta que les matan a un hijo entonces se ponen a llorar como si no tuvieran nada que ver, pero tal vez un día de estos.

Google Doodle alusivo a las elecciones canadienses

Hoy, 2 de mayo, es día de elecciones federales en Canadá. Tienen elecciones a cada rato, creo que es como la tercera en cinco años desde que Harper formó un gobierno minoritario después de la caída de los Liberales en medio de escándalos y alegatos de corrupción.

Google Canadá hizo un Doodle para la ocasión y recordar a quienes no lo hayan hecho que hay que ir a votar otra vez.

Google Doodle de la elección canadiense

Democracia, votos nulos y abstenciones

En México no es noticia que los políticos son unos inútiles. Sin importar el partido todo mundo sabe que lo que impera en el sistema es la corrupción, compadrazgos y canonjías.

Tradicionalmente durante las elecciones el abstencionismo sale como ganador indiscutible. A la gente no le interesa salir a votar cuando ninguna de las opciones es buena y de todos modos no va a cambiar nada.

Sin embargo el hartazgo de la población esta vez se está expresando de una manera algo más curiosa. En vez de no votar ahora ha surgido un movimiento para ir a votar y anular el voto. Es decir, rayar completamente la boleta, votar por todos, votar por ninguno o escribir bonitas poesías sobre la autora de los días de los candidatos a los puestos de elección.

Esto, obviamente, no va a servir de nada porque aunque los inconformes hayan expresado su inconformidad, en la práctica no hace ninguna diferencia: seguirá ganando quien tenga más votos contados, aunque sean dos. Y los escaños proporcionales seguirán asignándose conforme a porcentajes de votación.

¿Cuál es la solución entonces? ¿Votar? ¿No votar? Bueno, el problema de verdadero fondo, queridos mexicanos, son ustedes. Sí, usted, señor, señora, señorita, estudiante, ama de casa, ingeniero, mecánico, bloguero, twittero, etc. Lo que pasa es que en México la participación democrática se reduce simplemente a votar el día de las elecciones, si acaso, y se olvida todos los demás días.

A ver ¿cuántos de ustedes sabe el nombre de su diputado federal? Ya ni digamos del estatal. ¿Cuántos de ustedes se ha preocupado por enterarse que leyes se van a discutir durante el periodo de sesiones? ¿Quiénes saben cuando se van a votar las propuestas de ley? ¿Cuántos le han escrito una carta a sus representantes para hacerles saber su opinión sobre cierta ley e instruirle a votar de tal o cual modo? Apuesto que ninguno. Apuesto que la mayoría de ustedes ni siquiera se ha molestado por saber como han votado sus representantes. Y no me digan que no puedes, si están leyendo esto es porque tienen internet y pueden visitar los sitios de la cámara de diputados, de senadores, leer el Diario Oficial y visitar su legislatura local.

Más aún ¿cuántos de ustedes coopera o hace algo por su comunidad? Ya sea como voluntario en alguna organización, asistiendo a las reuniones de su cabildo municipal cuando sea posible, buscando informar u organizar o apoyando alguna camapaña o presentándose para un puesto de elección popular en su comunidad, inscribiéndose a un partido (o más de uno, total, no revisan). Apuesto que muy pocos.

“Oh, aprovecharon tal o cual cosa para pasar la ley de la tolerancia a las drogas” ¡Mentiras! Esa ley llevaba meses discutiéndose pero nunca tuviste curiosidad de enterarte. Aunque se informó por diarios y periódicos cuando se presentó te valió madres. No tienes excusa.

“Oh, construyeron una superhipermegatienda junto a la zona arqueológica y jamás nos preguntaron” ¡Mierda! Los permisos se tramitaron desde años atrás y todo ha estado en el registro público desde entonces. Que jamás te hayas preguntado que estaba pasando y ni se te ocurre darte una vuelta por tu cabildo sólo es atribuible a tu desinterés.

Es cierto, los políticos en México son unos hijos de su chingada que a la mínima oportunidad te la van a dejar ir, sin miramientos y sin lubricante. Pero, y si sabes eso ¿por qué insistes en vivir tu vida dándoles la espalda?

Es decir, queridos mexicanos, se han olvidado de la parte más importante de la democracia que es la participación cívica. Somos ciudadanos todos los días, no nada más cuando hay elecciones. Como tales tenemos obligaciones todos los días. Una de esas obligaciones es estar siempre atentos a lo que están haciendo nuestros representantes, exigirles y hacer valer el principio del poder emanado del pueblo. No necesariamente con marchas o manifestaciones, que son medidas extremas, sino tambén con métodos más institucionales pero no por eso menos efectivos, cambiando cosas poco a poco empezando en nuestra colonia. Ya lo demás vendrá después.

¿Votar o no votar? ¿Anular mi voto o elegir al menos peor? La verdad, hagan lo que se les hinche la gana, pero no sean ciudadanos nada más de ese día.