¿Les conté que me robaron el teléfono?

La semana pasada me robaron el teléfono. Estaba yo sentado en el metro, no tarde, como a las 8:30 pm, jugando Angry Birds en mi iPhone 3GS, cuando un tipo me lo arrebató de la mano en la estación Castle Frank. Y no lo traía mal agarrado, de hecho le costó un poco de trabajo quitármelo, pero como contaba con el factor sorpresa salió ganando. Corrió justo al momento que se cerraban las puertas y aunque salí tras él me quedé atrapado entre ellas. Una persona más también corrió tras él pero igual se quedó atrapado.

Por lo general soy mucho más cuidadoso, los 12 años de vivir en la Ciudad de México desarrollan el sentido arácnido. Pero como Toronto suele ser bastante seguro se puede uno sentir muy cómodo cuando crimen pequeño como éste existe en todas las ciudades.

En fin, así pasa. Ahora estoy tratando de decidir si comprar uno de los nuevos Android, un iPhone 4, o si realmente necesito un listófono, porque en esta semana de andar sin teléfono la verdad no lo he extrañado.

Lo que más coraje me da es que ya estaba a casi nada de completar Angry Birds con tres estrellas en todos los niveles.

Por lo pronto reactivaré mi viejo teléfono, un HTC Touch que todavía sirve bien pero que ya se le nota la edad y los achaques.

El curioso incidente del dominio en la noche: Maestros del Web hackeado

Sucede que una noche de febrero a Christian Van Der Henst le robaron una cosa muy apreciada: su clave de identificación ante su registrador de dominio.

La manera en que se lo robaron aún no está muy clara. Hay quien dice que fue ingeniería social (o sea, lo agarraron en la pendeja, le aplicaron la juvenil), otros que fue abuso de confianza, pero hasta el momento nadie sabe como fue y hasta que Christian lo explique pues no se va a saber bien.

El caso es que una vez hechos con esta información los ladrones cambiaron los DNS del dominio y lo apuntaron a otro lado. Me sorprende el hecho de que la página a la que lo redirigieron no contuviera ni anuncios, ni virus ocultos ni hacks. Esto a lo mejor porque los ladrones no tenían intención de hacer más mal o a lo mejor porque ni ellos se la creyeron que les fuera a salir tan bien el plan. Más tarde aprovecharon el hecho que su cuenta de correo de seguridad estaba en ese dominio para robarse su cuena de gmail y de facebook. Trataron de robarse su cuenta de alojamiento (lo cual hubiera convertido esto de tragedia a catástrofe) pero el servidor de dominio sospechó y negó la transferencia.

El asunto no hubiera pasado a mayores, se hubiera perdido entre los cientos o miles de casos de dominios robados, de no haber sido porque dos de esos dominios son maestrosdelweb.com y forosdelweb.com, dos de los sitios más populares entre la comunidad webícola de habla hispana con miles de visitantes. El mismo Christian tiene miles de seguidores en su cuenta de twitter que fue donde dio a conocer este hecho. Inmediatamente las huestes twitteras se unieron y al grito de “teclados unidos jamás serán vencidos” se lanzaron a una campaña pidiendo a GoDaddy que regresaran el control de esos dominios Christian.

GoDaddy finalmente accedió y en vez de tardar meses, como generalmente sucede en este tipo de casos, resolvió en aproximadamente un día y devolvió estos dominios a su legítimo dueño.

Todo muy bien, final feliz, ya nos podemos ir a nuestras casas porque el mundo está finalmente en paz. ¡Bye! Nos vemos a la siguiente.

NOOOOO. ¿Qué les pasa? ¿Están idiotas, borrachos, drogados o qué? ¿No se dan cuenta que si bien el caso de Christian terminó bien si hubieran sido ustedes o un servidor los afectados, las cosas no hubieran terminado igual? ¿Acaso créen que sería la misma avalancha de twits solidarios a su favor?

No. El caso de Maestros del Web es muy especial, por su importancia y por el número de personas que dependen de él. A la mayoría de nosotros nos pueden robar el dominio, la cartera y hasta la cara y a los demás les valdría un pedo aguado lo que nos pasara. La lección que debemos tomar es que no hay nadie invulnerable, a todos nos puede pasar y probablemente algún día nos pase.

¿Ya se preguntaron ustedes qué harían en ese caso? ¿Cómo protegerían el resto de sus cuentas? ¿Pueden cambiar contraseñas de inmediato? ¿Su cuenta de correo de seguridad está bien resguardada? A muchos se les ha criticado de querer llevar agua a su molino a raíz de este caso, y si bien tal vez pueda parecer de mal gusto, razón no les falta. En internet nada es seguro y necesitamos tener un buen plan de contingencia en contra de robo de identidad o de hackeo de cuentas.

Mientras más cosas guardamos en línea, mientras más visibles somos, mayor peligro corremos. Abuzados.

Historia de un plagio 2.0

Todo empezó un buen día cuando el bloguero indio Diwaker Gupta notó que el sitio del Consorcio de la Comunidad de Computación compartía una enorme similitud con el de Una Lista Aparte, el sitio del gurú de los estándares y la web semántica, Jeff Zeldman.

Diwaker decidió hacer un post sobre esto, sin percatarse todavía que las similitudes eran más que mera coincidencia, de hecho el código estaba copiado completamente de una de las plantillas anteriores de ULA hasta el punto de no haber quitado los comentarios del código que dejaban establecida la propiedad. Zeldman se percató y a su vez hizo un post acusando directamente al CCC de robo. Lo que es peor es que el CCC depende del Fondo Nacional para las Ciencias, parte del gobierno de los Estados Unidos.

Las reacciones contra el CCC no se hicieron esperar y más de uno mandó un correo directamente a los responsables del sitio para cuestionarles sobre el diseño robado. Hay que reconocer que la acción del CCC fue rápida y adecuada; al verse alertados quitaron inmediatamente el sitio dejándolo sin nada más que una nota de “En Mantenimiento”, se disculparon con Zeldman y Una Lista Aparte y después subieron otro diseño con la disculpa pública visible a todo mundo. Que la dependencia oficial haya tomado esas acciones de manera tan rápida y humilde es loable.

Lo más seguro es que la administración del CCC no se hubiera dado cuenta (aunque cuesta trabajo creerlo, con los comentarios del código, pero démosles el beneficio de la duda) y que algún otro diseñador bajo contrato se le haya hecho fácil robarse el código y cobrar como si fuera original. Por supuesto, ése diseñador ahora puede ser sujeto a tener que reparar daños y perjuicios.

Leer los comentarios en el post de Zeldman es fascinante. Es alentador ver que la táctica del escarnio público funciona por lo menos en algunos casos, pero sigue siendo triste la facilidad con que algunos “diseñadores” se apropian del trabajo de otros sin los permisos necesarios y ni siquiera dar las gracias.

Me pregunto ¿pasaría lo mismo en México si algún sitio gubernamental o empresa se robara un diseño, foto o texto aún de manera tan descarada? Díganme cínico pero yo creo que no. Y eso me entristece.